Mientras te pienso.

Te inspiro en forma de poesía, con versos ardientes que puedo sentir como llegan a lo más profundo de mí.
Te espiro en forma de orgasmo.
No puedo parar de imaginar(nos).

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Paraíso.

El aire suave recorre cada centímetro de tu piel. Se desliza.

La música proveniente del mar resuena y te transporta lejos, a la vez que te hace sentir con los pies en la tierra.

Eres consciente de que el tiempo pasa, y no se detiene ante nada.

La naturaleza es arrolladora, pero delicada.

Y tus dedos se hunden en la arena,

El ruido de las olas, esa noche, alertaba soledad.

Una playa de noche.
Dos cervezas y una toalla.
Dos cuerpos expectantes de placer.
Tres horas desnuda en la playa, follando.
Que ironía pensar, que no recuerdo mejores polvos contigo.

Puesta de sol.

Es como ese momento al final del día, frente a la puesta de sol.

Todo parece infinito, y es que en realidad lo es.

Una carcajada sincera, las horas de café, los granos de arena frente al mar.

Y de repente, sientes que lo que es infinito son tus ganas de luchar.

Que nada se pierde, solo se queda en un rincón.

Y a veces incluso se transforma, como el agua que se vuelve plata con los últimos rayos de sol.

Que todos y cada uno de nosotros somos infinitos, y que con ganas nada nos puede parar.

 

 

 

Escribir.

Te escribo, vida, para sentirte cerca y amiga.

Para sentirme libre.

Te escribo en la soledad de mis noches con tinta que sabe a fuego y verdad.

Te escribo, vida, para encontrarme al final de mis líneas.

Te escribo, aún sabiéndote finita.

Te escribo porque dueles.

Y sobre todo, te escribo porque puedo. Y eso, me engrandece.

Vida, te escribo para quererme.

Para calmar la insaciable incertidumbre que supone el caminarte.

Te escribo, queriendo respirar paz.
Amándote. Amándome.

Te escribo como acto de rebeldía y empoderamiento.

Sintiéndote mía.

Te escribo, y te escucho en mi pecho.

Al fin entiendo…

Solo tú eres mía, y solo yo me tengo.

……………………………………………………………….

Me escribo, para sentirme cerca y amiga.

Para sentirme libre.

Me escribo en la soledad de mis noches, con tinta que sabe a fuego y verdad.

Me escribo, para encontrarme al final de mis líneas.

Me escribo, aún sabiendome finita.

Me escribo, porque duelo.

Y sobre todo, me escribo porque puedo.

Y eso, me engrandece.

Me escribo para quererme.

Para calmar la insaciable incertidumbre que supone el caminarme.

Me escribo, queriendo respirar paz.

Amándome.

Me escribo en acto de rebeldía y empoderamiento.

Me escribo, y me escucho en mi pecho.

Sintiéndome mía.

Al fin entiendo…

Solo yo soy mía, y solo yo me tengo.

N.

Se fijó en aquel chico porque la libertad que desprendía su alma se veía a leguas.

Cualquiera que se asomase por sus ojos, veía lo profundo.
Y aunque su gesto era serio, él era todo risas.

Y todo el mundo que desprende esa libertad, de alguna manera, te abruma.
De alguna manera te acaricia, te agarra y te sostiene.

Porque en un mundo donde parece que todos quieren ser iguales, tienen que caminar personas que te recuerden lo que importa.

Que sin decirte nada, te diga: tú importas.

Esa era su esencia, recordarte lo más importante que tendrás siempre. A ti mismo.

Y es que a veces , las palabras sobran.
Porque todos somos algo más.
Y la vida, quizás también pueda hablarte a través de los ojos de alguien.

Y si todo tiene un motivo, y todos somos más…

Qué bonito motivo. Llegar para inspirar.

Relámpagos.

Tenía relámpagos en los ojos.
Su pelo era un reflejo de su alma rebelde.
La chica de los labios perfectos.
Ella viajó para habitar su propio ser.
Se fue lejos.
Y esa tarde, llegó para quedarse.
Volvió fuerte.
Y entre confesiones que nacen de un par de cafés, me dijo:
– Mujer, amiga. Solo soy piel que habito, y mi maleta está vacía. Solo traigo tiempo y vida.

Minutos.

Hay un momento en el que de repente te das cuenta de que has cambiado.

Hay muchos aspectos de uno mismo que queremos hacer desaparecer, con la misma ansia que cuando bebemos una cerveza fría a las doce de la mañana.

Nos parece muy difícil, incluso imposible, y volvemos a tropezar una y otra vez en la misma piedra.  Y sin embargo, un día estas hablando y te das cuenta de que esa parte de ti ya no existe.

Te preguntas una y otra vez cuando ha ocurrido, pero no logras encontrar el momento preciso, simplemente existe el instante de vacío (y miedo) al ver que ya no eres el mismo, ni te sientes igual frente al mundo.

Y si, creo que miedo es la palabra, porque de repente echas de menos a tu antiguo ser, y te das cuenta de que nunca podrás volver a ser esa persona, valiente y despreocupada, amante de dejar los problemas a un lado y amar la felicidad. Ahora solo hay desgana e inseguridad, indiferencia.

Sientes que la luz se apaga, pero tú quieres ir a buscarla.

 

Aún no sé cómo acaba esta historia. Supongo que algún día os lo contaré.

20:23

Tengo sueño (seguramente por la cerveza), y estoy cansada. La niebla nos traga, pero la gente no para de hablar. Y de dar vueltas, muchas vueltas.

Beben cerveza mientras comentan por lo bajo algo que no se sabe si es una queja o simplemente hablan por hablar. Porque su mirada distraída habla por ellos. Están lejos, muy lejos…

Frente a mí un chico que escribe su diario. Está emocionado por su nueva vida. Pero aún no sabe lo que le espera.

Un perro indiferente me mira. No se separa de su dueño. Quiere un premio por ser el más fiel. Y en sus ojos se ve que se lo merece.

Una familia feliz le dicen te quiero a sus hijos en un idioma que no conozco. Seguro que no les importa nada de lo que les rodean; tienen su mundo en sus brazos.

Todo el mundo entra y sale, y te sonríe amablemente. Algunos agitan sus jarras de cerveza. Otros buscan en el final de su copa de vino la felicidad. Todos se evaden de su realidad. Pero al final la vida son estos momentos.

Lo que pasa entre golpes de suerte y la tristeza.