Vive.

Caminaba por la calle cuando recibió la noticia. No era una persona que conociera, pero igualmente le impactó.

Llevaba tiempo vagando en la oscuridad sin ningún sentido, sin respirar, dejando pasar las horas, los días, semanas…

Y entonces se da cuenta. “La vida son dos días”. Y cuanta razón.

Vive.

Sonríe.

Vive tus dos días.

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Estómago.

Se levanta un día más en esa cama, una que algún día fue suya, pero que ya no la siente así. Nota algo, ahí, en el estómago, esa sensación que no ha desaparecido desde aquel día en junio.

A veces la mitiga con el sol, unos botines nuevos, un libro de poesía, sus abrazos o una estrella con sus amigas en la playa, pero al llegar a esa casa a la que ya no siente llamar hogar todo vuelve a ser lo mismo.

Ella solo sueña con volar, y siente que las personas que la gobiernan no dejan de ponerle pesos en los pies. Pero no se rendirá, no hasta que salve su vida de esas garras.

Búsqueda.

Mierda.

Llevaba buscando hace ya un rato nuestra historia en un libro de poesía que, además, me habías regalado tú. He pasado página tras página, ansiosa por encontrarlo, pero claramente no estaba ahí.

Creo que hace tiempo que se la respuesta, pero por miedo, por vergüenza, ya no soy capaz de escribir este tipo de sentimientos como lo hacía antes. Y si, creo que vergüenza es la palabra.

Pero al carajo, si he sido capaz de volver a dibujar, ¿por que no esto?

Me encanta haberte conocido, y es que eres mucho más de lo que podía, no pedir, querer. Me has dado, para empezar, una historia, y no de las malas, no señor. Fue algo mágico, de las historias más intensas que he vivido en mi vida. El tira y afloja que hizo sacar lo más fuerte y frío de mi, aunque solo fuera en apariencia.

Después todo pareció ordenarse tras una gran explosión (y una resaca aún mayor). Este era el punto en el que las cosas comenzaban a ir mal, a tornarse gris y aburridas, pero fue aquí dónde me sorprendiste por segunda vez, porque fue justo en esta etapa donde empezó lo mejor, y donde empecé a entender que de verdad te quería a mi lado, que eras realmente especial, y es que como tu, no hay dos.

Que te digo feo, pero que no te lo crees ni tu. Desaliñado si, pero sabes que me encanta (y que de traje estás de edición limitada).
Que a tu lado no hay días malos, que esos vienen cuando no estás.
Que solo tú sabes darle el toque de dulzor (y al café también).
Que me encanta nuestra faceta dura, pero sobre todo me gusta cuando te quedas blandito a mi lado.

Y, sobre todo, lo más especial, es que me quieras como soy, que me conozcas y me aceptes, porque que tras conocer todo eso me sigas dando y apoyando tanto es realmente excepcional.

Hace poco me preguntaste que por qué tú, y yo lo tuve muy claro; ¿cómo iba a ser otro que no fueras tú?

Nadie me había tenido jamás tan atrapada y a su vez conseguido que me sienta tan libre.

Eres único.